Haciendo una lluvia de ideas en búsqueda de algún nombre para este emprendimiento, surgieron numerosas e interesantes palabras/ideas, todas referidas a distintas características de los autistas, entre las que se destacaba auténtico.

Y es que ésta es una hermosa particularidad del enigmático grupo de personas que trata este sitio. Son, por lo general, individuos confiables, fieles, veraces… auténticos. Así viven, auténticamente. Así se muestran, así se relacionan.

Son, por lo general, individuos confiables, fieles, veraces... auténticos.

Uno de los motivos de tal comportamiento es que el autista es siempre coherente con sus principios. Estos principios son como la estricta programación de sus computadoras internas, imposible de franquear sin causar estragos allí dentro. Por ello, si su programación determina que mentir es algo incorrecto, lo evitará a todas costas a fin de mantener la cohesión entre lo que se piensa y lo que se hace o dice.

El autista es siempre coherente con sus principios.

Esto no está relacionado, en sí, con aquella popular noción respecto a que “el autista nunca miente”.

Al respecto cito un artículo escrito por el Dr. Stephen M. Edelson, titulado “La mentira en el autismo: un hito cognitivo” (en inglés “Lying in Autism: A Cognitive Milestone”).

Allí, el Dr. Edelson refiere que es sabido que muchas personas autistas “dicen las cosas tal como son”, que nunca dicen una mentira, algo que tiene sus beneficios para padres y maestros, pero que podría ser considerado una “desadaptación” en algunas circunstancias.

La razón de esta incapacidad para mentir, continúa el Dr. Edelson, está estrechamente vinculada a la “teoría de la mente”. La mayoría de los autistas tienen dificultades para comprender el hecho que otras personas tienen sus propios pensamientos, sentimientos, planes y puntos de vista; como también asumen que los otros conocen sus propios (del autista) pensamientos, sentimientos, planes, etc.

Así, en el caso de una mentira, los individuos autistas tendrían que tomar conciencia de dos perspectivas diferentes de un mismo evento: la perspectiva verdadera (por ej., “yo rompí tal juguete”) y la perspectiva falsa (por ej., “aquella otra persona rompió tal juguete”); y decirle a otra persona (por ej. a la mamá) sólo la perspectiva falsa. Este tipo de conocimiento es muy poco probable que se produzca en aquellos que no tienen desarrollada la teoría de la mente, porque realmente están convencidos que los demás saben exactamente lo que están pensando.

Si bien el hecho que un niño autista comience a mentir puede conducir a nuevos problemas y preocupaciones (del mismo modo que cuando mienten niños no autistas), al mismo tiempo, como refiere el Dr. Edelson, la aparición de este “comportamiento mentiroso” puede ser considerado como un nuevo hito cognitivo y, en realidad, un motivo para celebrar.

Entonces, una vez adquirida la teoría de mente, la persona autista posee potencialmente la capacidad de mentir; pero corresponde hacer la salvedad que esta teoría de mente por lo general tiene en ellos un desarrollo deficitario.

La teoría de la mente (un concepto complejo que será motivo de algún artículo venidero), es fundamental para el reconocimiento de emociones, la empatía y la moralidad. Según algunos autores, no es que los niños con síndrome de Asperger carezcan en absoluto de Teoría de la Mente, sino que hay, en este sentido, niveles de desarrollo, y es allí donde se plantean las diferencias individuales entre neurotípicos y aspis.

La teoría de la mente es fundamental para el reconocimiento de emociones, la empatía y la moralidad. En el autista tiene, por lo general, un desarrollo deficitario.

En conclusión, si se suman la incompleta evolución de la teoría de mente, con la rigidez de las programaciones mentales de los aspergianos, se tienen, como dijimos al principio, que son (quizás “salvajemente”) auténticos.

Por ello, este vivir así, auténticamente, es uno de los inestimables “dones” que este grupo de gente ostenta, que los hace apetecibles para todo tipo de trabajo en donde se prime la confianza.

Es una manera de pensar y de vivir, la forma en que esta “mente-autística” funciona: autísticamente.

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